martes, 3 de junio de 2014

Reviviendo....

Depresión se define como "el hecho de sentirse triste, melancólico, infeliz, abatido o derrumbado. La depresión clínica es un trastorno del estado anímico en el cual los sentimientos de tristeza, pérdida, ira o frustración interfieren con la vida diaria durante un período de tiempo prolongado." (MedlinePlus).

Es normal, que en algún momento de nuestra vida, todos la experimentemos, quizá no llegando a los niveles clínicos, pero lo hemos experimentado. ¿Las razones? Son innumerables: fallecimiento de alguien importante, pérdida laboral, dificultad para encontrar trabajo, pérdida de una relación significativa (pareja, padres, hermanos, etc.)... en fin, son muchas las variables externas que pueden provocar que se detone la depresión.

Pero no son esas LAS causas, o mejor dicho, no es con lo que tenemos que luchar, dado que conductualmente hablando, es lo más sencillo de resolver. Nuestra lucha verdadera, es contra aquellos que está dentro de nosotros, aquello que va y atenta con nuestra integridad propia, contra nosotros mismos, como podrían ser: sentimientos de incapacidad, insuficiencia, invalidez, sentirnos sin valor (en el sentido de valía, no de valentía), sentimientos negativos hacia alguien (rencor, odio, coraje)... y la lista pudiera continuar. Pero estas, como podemos ver, son consecuencia, de las razones que mencioné previamente.

En mi trabajo (soy psicóloga), todos los días escucho de diferentes "grados" o "niveles" de depresión... y en mi vida diaria, también lo he experimentado. Y precisamente, pensando en todo eso, es que me motivé a escribir (es uno de los placeres más grandes en la vida, para mí, y lo tenía olvidado). Desde Noviembre '13, he estado "luchando", cíclicamente (es decir cada cierto tiempo, como por 2 o 3 días, mentiría si dijera que ha sido todos los días o durante 1 mes continuo)precisamente con algunas de las consecuencias que mencioné antes, y ha sido sumamente difícil.

Y yo pensaba que ya estaba bien (sí, lo veía como algo determinante, olvidé que "estar bien" es un proceso continuo), que ya había perdonado completamente (porque esa es mi lucha: aprender a perdonar), y resulta que la semana pasada me di cuenta de que no :P ...ya sé, ¿cómo es que siendo psicóloga no me di cuenta? Perdón, también soy humana :)

Y es aquí, a donde quiero llegar. Desde hacía unos 4-5 días, me empecé a sentir muy triste (vale la pena aclarar que no era en todas partes, ni a todas horas, ni en todo lugar... era un lugar específico, con personas específicas), lo que más me entristecía, era de repente sentir como que me secaba, que estaba perdiendo esa "chispa" que me caracteriza. Y además, me sentía enojada, muy enojada. Para acabar pronto, me sentía como en el Salmo 83. Y en esa actividad y lugar específicos, donde por años me he sentido sumamente bien, con el sólo hecho de pensarla, sintomáticamente reaccionaba (con dolor de cabeza, rechazo, enfado, molestia...), entonces me daba cuenta que algo no estaba bien, y ayer lo recordé.

Iba rumbo a mi trabajo, y de repente empecé a pensar en "eso" (no en el payaso, sino en el lugar, las personas y la actividad a la que me refiero), y empezó el dolor de cabeza, se me revolvió el estómago, me sentí molesta (todo eso ocurrió en menos de 5 minutos), los pensamientos irracionales, y esa pequeña voz interna que me decía "Perdona" y claro, mis razones se anteponían. Y de pronto escucho La canción de Ezequiel, de Paul Wilbur (Dios bendiga a mi esposo, que fue quien puso la música en el carro jajaja), y mis pensamientos irracionales "se apagaron" y entonces, empecé a escuchar, pero realmente a escuchar lo que Dios me estaba indicando.

Dios a través de Su palabra, constantemente nos habla de que perdonemos, independiente de si consideramos que lo merecen o no, que perdonemos. Y en este caso, deliberadamente yo no quería hacerlo (todavía no tengo muchas ganas), es más, ni siquiera quería pedirle a Él que me ayudara a perdonar (ahora, ya por lo menos estoy empezando a querer oír... sí, es un proceso lento y yo soy muy terca). En Salmos, podemos leer que en más de una ocasión, los escritores se sintieron de la misma manera: deprimidos, enojados, por ejemplo, en Salmos 73:26 dice "Mi carne y mi corazón desfallecen...", y en Salmos 22:15 "Como un tiesto se secó mi vigor, Y mi lengua se pegó a mi paladar, Y me has puesto en el polvo de la muerte..", y hasta ahí, yo estaba siendo "muy bíblica". Pero ayer al escuchar esa canción, Dios empezó a restablecer mi esperanza y mi confianza, y entonces pude escucharlo realmente.

En Ezequiel 37:1-14, está narrado un suceso sorprendente... el profeta, es llevado a un valle de huesos secos (o sea, personas que tenían tanto tiempo muertas, que ya sólo quedaban los huesos, ni siquiera estaban en descomposición), y entonces ¡Dios les vuelve a dar vida! Pero no queda sólo en "la visión" o en "la profecía", sino que Dios da la interpretación y dice:

Pues bien, háblales en mi nombre, y diles: “Esto dice el Señor: Pueblo mío, voy a abrir las tumbas de ustedes; voy a sacarlos de ellas y a hacerlos volver a la tierra de Israel. Y cuando yo abra sus tumbas y los saque de ellas, reconocerán ustedes, pueblo mío, que yo soy el Señor. Yo pondré en ustedes mi aliento de vida, y ustedes revivirán; y los instalaré en su propia tierra. Entonces sabrán que yo, el Señor, lo he dicho y lo he hecho. Yo, el Señor, lo afirmo.”»

Y entonces, pude realmente conectar con mi enojo, con mi tristeza, ¡Para poder dejársela a Él! Y es que mientras no reconociera (aunque ya lo supiera) qué era exactamente lo que me pasaba, no podía pedir ayuda, ni podía soltar... ¡Necesitaba reconocer mi incapacidad para perdonar! Créanme, fue casi una epifanía, porque en la medida que lo reconocí, Dios empezó a decirme "Pero esto no es todo lo que hay... en verdad, hay esperanza! Esto es sólo un poco de tiempo, tienes que seguir"... y entonces, SÓLO HASTA ENTONCES, pude recordar la segunda parte de Salmos 73:26 "...Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre."

¿Y por qué comparto esto? Porque si tú te sientes así, ¡No eres el único! Porque ni por mi profesión, ni por mi creencia, soy inmune a sentirme así. Y porque si te pasa lo mismo, lo mejor que puedes hacer, es acercarte a Dios, déjalo que te hable, que te regañe si es preciso (porque si eres terco y cabeza dura como yo, es más que necesario que lo haga), deja que quite tus razones, y ponga de Su amor... porque Su amor sobrepasa todo entendimiento. No es fácil, y no es algo instántaneo: perdonar es un acto de amor continuo.

Jesús cuando enseñó a orar a sus discípulos, dijo "Perdónanos el mal que hemos hecho, así como nosotros hemos perdonado a los que nos han hecho mal." (Mateo 6:9-13 DHH).

Y en Colosenses 3:12-13 nos dice "Dios los ama a ustedes y los ha escogido para que pertenezcan al pueblo santo. Revístanse de sentimientos de compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia. Sopórtense unos a otros, y perdónense si alguno tiene una queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes."

Recuerda: Dios ya sabe lo que te sucede... pero cuando lo hablas con Él, no le estás "informando" algo que no sepa, te estás rindiendo delante de Él, y estás realmente reconociendo que Él te puede sacar del hoyo en que te encuentras... que Él puede darle vida nueva a tus huesos secos.

Bendiciones.