miércoles, 20 de mayo de 2015

¡Yo soy psicóloga!

Hoy es día del psicólogo, y para eso sí estudié jajaja... Es una profesión súper enriquecedora, con muchos vértices y muchas áreas de aplicación, y además, infravalorada... pero este no es un post de queja, sino de reconocimiento.

Y precisamente, porque hay muchas áreas y por ende muchos profesionistas que las ejercen, es necesario poder diferenciar que no todos los psicólogos tenemos que dedicarnos al área clínica, que somos como una cajita de crayolas: de colores diferentes, pero todas igual de útiles (excepto quizá la crayola blanca, y eso porque personalmente nunca he encontrado el uso jajajaja) y NECESARIAS.

Yo, soy psicóloga clínica. Incontables veces he escuchado decir que es una profesión muy sencilla, y que esta área en particular, es la más fácil porque (en palabras textuales de una persona) "Sólo te sientas a escuchar los problemas de los demás". En ese momento, no supe si reír o llorar. Otros han dicho que un psicólogo clínico es como "un amigo a quien le pagas por escuchar tus problemas". Ahí sí me reí.

Sí, en gran medida es sentarnos a escuchar problemas, pero también es ayudar a las personas a encontrar la solución al problema, o brindar las estrategias necesarias para que la encuentren. Eso implica, SABER cuáles son las posibles soluciones, y por supuesto, en esta profesión, una misma receta no sirve para todos, por ende, es necesario adecuarla. Es además necesario contar con una buena salud mental y emocional para ejercerla, porque en nuestro caso, NOSOTROS MISMOS somos nuestra herramienta de trabajo; y la suficiente inteligencia emocional para aceptar cuando una persona decide no volver a terapia, ser autocríticos para reconocer nuestro error, e inteligentes para identificar cuándo se trata del proceso personal de dicho sujeto. Mientras escuchamos el problema, tenemos que estar accesando mentalmente a situaciones mencionadas en el pasado por el paciente, y además ir haciendo estrategias para buscar una solución en el problema del presente, todo esto mientras estamos ejerciendo una actividad de "escucha activa".

Además, vivimos con el estigma (eso sí aplica para todos) de que la gente invariablemente piensa que los estamos analizando, y vivimos con el temor de que nos pregunten (en el camión, en la fila del súper, del banco, de las tortillas, los vecinos, etc.) "¿A qué te dedicas?" porque al responder "Soy psicólogo", además de sentirse intimidados (sus reacciones los delatan jajaja) lo sienten como una invitación a "Cuénteme todos sus problemas y los de su vecino... yo le doy el diagnóstico aquí mismo" ¡Es increíble! Y divertido, y cansado,,, y requiere que aprendamos a "cortar el rollo" y una de dos, recomendarles a un colega, o darles nuestra tarjeta. No creo que si la gente se encuentra un Contador le diga "¿Ah o sea que mientras hablábamos, estabas haciendo mi contabilidad?" jajajaja ¿Se imaginan?

Pero vaya que uno aprende, y que uno crece personalmente. Ser psicóloga no era mi primera opción, pero cada día le agradezco más a Dios el haberme dirigido a ella ¡Él sabía lo que estaba haciendo!

Cada quien puede y debe estar enamorado de su profesión, yo estoy enamorada de la mía. No hay nada más emotivo y enriquecedor, que enseñarle a alguien a crecer emocionalmente, y verlo cómo crece... y el momento de la despedida, cuando uno lo da de alta, en esa retroalimentación final, es como ver caminar por primera vez a un niño después de que usó muletas durante mucho tiempo. Es una sensación indescriptible. Y sí, yo he llorado (no enfrente de ellos) cada vez que he dado de alta un paciente. Cada vez es diferente, y eso incluye el aspecto emocional.

¡Muy feliz día, colegas!
A todos los que leen, si conocen a un psicólogo, felicítenlo, hoy en México, es su día.
Un abrazo a todos :)

viernes, 15 de mayo de 2015

Yo no estudié para ser maestra...


Por definición, la palabra maestro significa "persona que enseña o forma, especialmente aquella de la que se reciben enseñanzas muy valiosas", y en este sentido es fácil darnos cuenta que tenemos una enorme cantidad de maestros, en diferentes contextos, sobre diferentes cosas, pero están ahí.

En mi caso, soy orgullosamente maestra, pero yo no estudié para ser maestra. De hecho, durante mucho tiempo, no pensé que me dedicaría a ser maestra, francamente, no sé qué estaba pensando. A lo largo de mi vida, he contado con excelentes maestros, y he contado con MUY MALOS maestros (las mayúsculas eran necesarias, particularmente cuando recuerdo a la maestra que me dio 6to año); en lo personal, la distinción para catalogar como "buen" o "mal" maestro, proviene de la dedicación que he observado en ellos, así como de las enseñanzas académicas y morales que he aprendido de ellos.

Tuve un maestro, que me dio 4to y 5to de primaria, que era TERRIBLE jajajaja, pero en el buen sentido... lo recuerdo con mucho cariño, porque para empezar, estábamos en grupos combinados (es decir, había grupo de 3ro y 4to, y de 5to y 6to), por lo que ahora entiendo el enorme trabajo que hacía ¡Tenía que enseñar dos grados, diariamente, en el mismo periodo de tiempo! Honestamente, no sé cómo lo hacía. Fue de los profes que daba reglazos con el metro por mala conducta, afortunadamente, no recuerdo que me haya tocado ninguno, pero sí recuerdo que en varias ocasiones me regañó, por diferentes (y justas) razones. Pero una de las que más recuerdo, fue que una vez me tocaba hacer el aseo del salón, y yo no quería, me rehusaba a hacerlo, y él me dijo, con firmeza pero sin ser grosero "lo vas a hacer, agarra la escoba" y la agarré, pero me quedé parada (sí, yo fui una verdadera pesadilla cuando no quería hacer algo) entonces él empezó a decirme "Cinthya, ponte a barrer" y yo le decía "no quiero, y no lo voy a hacer", honestamente no recuerdo cuánto tiempo duró la "discusión", pero empecé a barrer, pero MAL, porque no quería jajajaja... recuerdo su cara, su tono de voz y la paciencia con la que tomó la escoba y me dijo "no, así no, porque se va a regresar la basura, mira hazlo así...", recuerdo mucho ese momento (básicamente, siempre que estoy barriendo jajaja), porque fue su reacción, la que me hizo bajar la guardia y ponerme a barrer bien. Su forma de decir y ENSEÑAR. Ese para mí, es un GRAN MAESTRO (profe Rosario, si anda por aquí, sepa lo mucho que lo estimo). Eso sin mencionar lo mucho que me enseñó académicamente (aunque hasta el día de hoy, las fracciones y yo, no nos llevamos).

Después en secundaria y preparatoria, por alguna razón las maestras (porque eran mujeres) que más me agradaron, eran las que nadie quería ¡ja! ...la profe de inglés de la secundaria, me encantaba su clase porque sabía mucho inglés, y sí era muy exigente, era parte de lo que me gustaba de ella... en la prepa, la profe que me dio Química y Antropología Social, la profe Dinorah, me marcó mucho sus constantes cuestionamientos, me hacían pensar y razonar absolutamente todo lo que creía.

Y en la universidad, mi profe de todas las evaluaciones, a quien hasta el día de hoy molesto cuando tengo alguna duda, es uno de los que más recuerdo, por su disposición y porque además ¡A todo le entiende! (no le digan, porque luego se la cree). Mis maestras de las materias de investigación, que me hicieron sufrir, pero en verdad aprendí muchísimo de ellas.  De todos mis profes aprendí muchísimo, cosas de la profesión, de la teoría, la práctica; cuando estudié maestría, fue igual, y recuerdo con mucho afecto a una Doctora que por su calidad humana, me enseñó no sólo en el aspecto teórico, sino en la sencillez y respeto con la que puede vivirse la psicología clínica. He tenido grandes maestros.

En este día, yo recuerdo que no estudié para ser maestra, pero lo soy. No podría elegir entre mis dos trabajos (dar terapia y dar clases), porque los dos me encantan, en los dos aprendo muchísimo. Pero la verdad es que, ser profe, me ha dado grandes experiencias, y más aún, que me toca darle clases a los pequeños, a los de nuevo ingreso ¡Y vaya que uno aprende con ellos!

Creo firmemente, que la mejor forma de trabajar, es hacer lo que te gusta. Lamentablemente, eso no es posible para todos, pero para los que tenemos esa dicha y bendición, tenemos una obligación moral de atesorarlo. ¡Gracias, a todos mis maestros! Porque en gran parte, ustedes fueron quienes me motivaron e inspiraron a seguir esta bonita profesión.

PD Los grandes maestros de vida que he tenido, han sido mis padres. Pero en este caso, era necesario mencionar a todos los demás maestros, de los que por lo general no hablo.

¡Un abrazo! Y feliz día para todos.

"La enseñanza del sabio, es fuente de vida..." Proverbios 13:14 DHH 

lunes, 16 de febrero de 2015

Y la verdad, nos hará libres...


Si no hacemos consciente las interpretaciones y el aprendizaje que está almacenado en nuestro inconsciente, estamos destinados a repetir la historia de nuestra familia de origen.

Lo más difícil de todo, es que aún cuando activamente intentamos no repetirla, los pequeños detalles (que usualmente son los que más daño hacen) siguen ahí, y nuestro inconsciente lucha encarecidamente porque los mantengamos; ya que lo necesita, es lo que tiene "sentido" (aunque para los demás no lo tenga, en nuestra interpretación personal, sí lo tiene), es lo que le ayuda a sentirse estable; por eso cuando se lucha en contra de ese mismo instinto, es posible que la persona se sienta desubicada y desorientada.

Es entonces, cuando el verdadero trabajo empieza, es cuando realmente somos libres. Porque la libertad no radica en "hacer" o "dejar de hacer", sino en ELEGIR CONSCIENTE Y ACTIVAMENTE lo que "se hace" o lo que "no se hace", porque hasta ese momento, estamos preparándonos realmente para vivir con las consecuencias, de forma independiente y responsable; es decir, no es "vivir como si no hubiera consecuencias", es saber que las hay, y estar listos realmente para enfrentarlas.

Es cuando no sentimos la necesidad de justificarnos, ni de tener que dar explicaciones; cuando sabemos que valemos, no por lo que algún día llegaremos a ser, sino por lo que ya somos. Cuando dejamos de prestar atención a todas las cosas que personalmente nos falta alcanzar, y empezamos a disfrutar las que ya alcanzamos; cuando dejamos de interesarnos en el cómo deberían ser las cosas, y aprendemos a enfrentarlas como son. Esa es la verdadera libertad.

Jesús dijo "Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres (Jn. 8:32)", y Su palabra es la verdad. Él, a través de su ejemplo, nos enseñó a tener fe, y nos enseñó cómo debemos ser con los demás: a veces compasivos y a veces enérgicos; nos enseñó con su ejemplo, que no está mal enojarse, sino lo que hagamos mientras estamos enojados. El mismo Jesús que sanaba enfermos, es el que llamó a los fariseos "hipócritas", es el mismo que entró al templo y tumbando las mesas de los que vendían ahí, los corrió. El mismo Jesús que hizo que Pedro caminara sobre el agua, fue el que le respondió al mismo "¿y a ti qué si quiero que él esté hasta que yo vuelva? (Jn. 21:23)".

Jesús conocía, mejor que nadie, las consecuencias de las palabras dichas y de las no dichas, de las acciones y de las omisiones. Vino a enseñarnos, no sólo a verlas, sino a enfrentarlas. A ser personas RESPONSABLES. No nada más vino a enseñarnos el amor, vino a enseñarnos la disciplina también. Vino a mostrarnos, que las emociones, y los procesos de aprendizaje, son naturales, que el Padre nos los puso, y que para no dejarnos dominar por ellos, es necesario que los reconozcamos e identifiquemos; pero la forma "más sencilla", es evadirlos.

Tenemos mucho que aprender todavía...