lunes, 16 de febrero de 2015

Y la verdad, nos hará libres...


Si no hacemos consciente las interpretaciones y el aprendizaje que está almacenado en nuestro inconsciente, estamos destinados a repetir la historia de nuestra familia de origen.

Lo más difícil de todo, es que aún cuando activamente intentamos no repetirla, los pequeños detalles (que usualmente son los que más daño hacen) siguen ahí, y nuestro inconsciente lucha encarecidamente porque los mantengamos; ya que lo necesita, es lo que tiene "sentido" (aunque para los demás no lo tenga, en nuestra interpretación personal, sí lo tiene), es lo que le ayuda a sentirse estable; por eso cuando se lucha en contra de ese mismo instinto, es posible que la persona se sienta desubicada y desorientada.

Es entonces, cuando el verdadero trabajo empieza, es cuando realmente somos libres. Porque la libertad no radica en "hacer" o "dejar de hacer", sino en ELEGIR CONSCIENTE Y ACTIVAMENTE lo que "se hace" o lo que "no se hace", porque hasta ese momento, estamos preparándonos realmente para vivir con las consecuencias, de forma independiente y responsable; es decir, no es "vivir como si no hubiera consecuencias", es saber que las hay, y estar listos realmente para enfrentarlas.

Es cuando no sentimos la necesidad de justificarnos, ni de tener que dar explicaciones; cuando sabemos que valemos, no por lo que algún día llegaremos a ser, sino por lo que ya somos. Cuando dejamos de prestar atención a todas las cosas que personalmente nos falta alcanzar, y empezamos a disfrutar las que ya alcanzamos; cuando dejamos de interesarnos en el cómo deberían ser las cosas, y aprendemos a enfrentarlas como son. Esa es la verdadera libertad.

Jesús dijo "Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres (Jn. 8:32)", y Su palabra es la verdad. Él, a través de su ejemplo, nos enseñó a tener fe, y nos enseñó cómo debemos ser con los demás: a veces compasivos y a veces enérgicos; nos enseñó con su ejemplo, que no está mal enojarse, sino lo que hagamos mientras estamos enojados. El mismo Jesús que sanaba enfermos, es el que llamó a los fariseos "hipócritas", es el mismo que entró al templo y tumbando las mesas de los que vendían ahí, los corrió. El mismo Jesús que hizo que Pedro caminara sobre el agua, fue el que le respondió al mismo "¿y a ti qué si quiero que él esté hasta que yo vuelva? (Jn. 21:23)".

Jesús conocía, mejor que nadie, las consecuencias de las palabras dichas y de las no dichas, de las acciones y de las omisiones. Vino a enseñarnos, no sólo a verlas, sino a enfrentarlas. A ser personas RESPONSABLES. No nada más vino a enseñarnos el amor, vino a enseñarnos la disciplina también. Vino a mostrarnos, que las emociones, y los procesos de aprendizaje, son naturales, que el Padre nos los puso, y que para no dejarnos dominar por ellos, es necesario que los reconozcamos e identifiquemos; pero la forma "más sencilla", es evadirlos.

Tenemos mucho que aprender todavía...

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